Lectura: Sal. 119:14, 33-40
La biblia en un año: 2 Reyes 17–18; Juan 3:19-36
Las loterías oficiales existen en más de 100 países. La atracción de enormes premios de dinero ha creado en muchos la idea de que todos los problemas de la vida se solucionarían «si uno se gana la lotería».
La riqueza en sí no tiene nada de malo, pero puede llegar a engañar al hacernos pensar que el dinero es la respuesta a todas nuestras necesidades. El salmista lo expresó desde otro punto de vista: «Me he gozado en el camino de tus testimonios más que de toda riqueza. Me regocijaré en tus estatutos; no me olvidaré de tus palabras» (Salmo 119:14, 16). Este concepto de riqueza espiritual se centra en obedecer a Dios y andar en «la senda de [sus] mandamientos» (v. 35).
¿Qué tal si nos entusiasmara más obedecer la Palabra de Dios que ganar un premio de millones? Podríamos orar con el salmista: «Inclina mi corazón a tus testimonios, y no a la avaricia. Aparta mis ojos, que no vean la vanidad; avívame en tu camino» (vv. 36-37).
La riqueza de la obediencia (la verdadera riqueza) les pertenece a todos los que caminan con el Señor.
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