Supe de Catherine Hamlin, una destacada cirujana australiana, cuando leí su obituario. En Etiopía, ella y su esposo establecieron el único hospital en el mundo dedicado a curar a mujeres del devastador trauma físico y emocional provocado por las fístulas obstétricas, una lesión común en el tercer mundo, que puede producirse al dar a luz. A Catherine se le atribuye haber supervisado el tratamiento de más de 60.000 mujeres.
Aún operando a los 92 años de edad, y comenzando cada día con una taza de té y un estudio bíblico, Hamlin les decía a los curiosos que era una simple creyente en Jesús, que sencillamente hacía la tarea que Dios le había encomendado.
Di gracias por haberme enterado de su notable vida porque fue para mí un poderoso ejemplo del aliento de las Escrituras a los creyentes para que vivan de tal manera que aun los que no creen en Dios, «al ver las buenas obras de [ellos] glorifiquen a Dios» (1 Pedro 2:12 rvc).
El poder del Espíritu de Dios que nos sacó de la oscuridad espiritual para que nos relacionáramos con Él (v. 9) puede también convertir nuestro trabajo o servicio en testimonios de nuestra fe. Cualquiera que sea la vocación o el talento que Dios nos haya dado, podemos agregarle significado al hacer todo de manera que guíe a las personas hacia Él.
De Lisa M. Samra
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