Nuestro hijo pasó los primeros años de su vida en un hogar de niños, hasta que lo adoptamos. Antes de abandonar el edificio para irnos a casa, preguntamos si podíamos recoger sus pertenencias. Tristemente, no tenía nada. Aunque me apenaba lo poco que tenía, me alegré porque ahora podríamos ayudarlo a suplir sus necesidades físicas y emocionales.
Unos días después, vimos a una persona que pedía donaciones para familias necesitadas. Mi hijo quiso donar sus animales de peluche y unas monedas. Dado su trasfondo, habría sido entendible si hubiera preferido aferrarse a sus pertenencias.
Creo que la razón de su respuesta generosa fue la misma que la de la iglesia primitiva: «abundante gracia era sobre todos ellos. Así que no había entre ellos ningún necesitado» (Hechos 4:33-34). Las personas vendían sus posesiones para proveer para las necesidades de los demás.
Cuando empecemos a tomar conciencia de las necesidades de otros, ya sean materiales o intangibles, que la gracia de Dios obre poderosamente en nosotros de manera que respondamos como ellos lo hicieron: ofrendando de corazón a los que tienen necesidad. Esto nos transforma en recipientes de la gracia de Dios como creyentes en Jesús, «de un corazón y un alma» (v. 32).
De Kirsten Holmberg
Reflexiona y ora
Señor, ayúdame a compartir lo que me has dado, sabiendo que suplirás toda necesidad.
¿Cómo eres consciente de la gracia de Dios que opera «con gran poder» en ti? ¿Qué tienes que podrías compartir con otros como una manifestación de su gracia?
Nuestra misión es hacer que la sabiduría transformadora de la Biblia sea comprensible y accesible para todos.
Nuestra visión es lograr que personas de todas las naciones experimenten una relación personal con Cristo, crezcan espiritualmente a su semejanza y sirvan en una iglesia local junto con la familia de Dios.
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