Cuando John Lewis, congresista y líder de los derechos civiles estadounidense, murió en 2020, muchos se lamentaron. Durante una marcha por los derechos de los ciudadanos negros a votar, Lewis se fisuró el cráneo y sufrió cicatrices permanentes. «Cuando ves algo que no es justo —dijo—, tienes la obligación moral de decir y hacer algo. Nunca tengas miedo de hacer un poco de ruido y meterte en problemas buenos y necesarios».
Lewis aprendió desde temprano que hacer lo correcto requería meterse en problemas «buenos» y decir cosas que no serían bien recibidas. El profeta Amós también era consciente de esto. Al ver el pecado y la injusticia de Israel, no pudo permanecer callado. Denunció cómo los poderosos oprimían «a la gente honrada, [recibían] soborno, y […] en los tribunales [impedían] que los pobres ganen su pleito», mientras que edificaban «casas de piedra labrada» con «hermosas viñas» (Amós 5:11-12 rvc). En lugar de cuidar su propia seguridad manteniéndose al margen, Amós denunció el mal. Se metió en un problema bueno y necesario.
Pero este problema apuntaba a algo bueno: justicia para todos. Cuando nos metemos en problemas buenos (la clase de problemas justos y no violentos que requiere la justicia), el objetivo siempre es el bien y la sanidad.
De Winn Collier
Reflexiona y ora
Padre, ayúdame a discernir qué hacer para honrarte.
¿Dónde percibes que el Espíritu Santo puede estar impulsándote a meterte en algún problema bueno? ¿Cómo puedes discernir la manera piadosa de hacerlo?
Nuestra misión es hacer que la sabiduría transformadora de la Biblia sea comprensible y accesible para todos.
Nuestra visión es lograr que personas de todas las naciones experimenten una relación personal con Cristo, crezcan espiritualmente a su semejanza y sirvan en una iglesia local junto con la familia de Dios.
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